El biombo del almendro y el bambú

El biombo del almendro y el bambú

En casi todas las expresiones artísticas hay una carga de simbología y estética, en un porcentaje variable dependiendo de la intención del creador, pero nada es casualidad. En ocasiones, cuando se mezclan la estética, con la simbología y la creatividad surge algo genial, algo sobrecogedor que atrae al receptor sin saber muy bien la razón, pero eso es asunto de los grandes maestros a lo que aspiramos el resto de los mundanos.

Un biombo, es una pieza especial pero con un origen funcional y tan simple como amparar del aire, pero la delicadeza oriental se ha desarrollado en estas piezas convirtiéndolas en verdaderas obras de arte a lo largo de los siglos. El contraste del oro y del negro, una mezcla tan milenaria que bebe de las antiguas diosas griegas, de los sarcófagos egipcios y de los templos hindúes. El oro y su contraste en negro sobrecogen al espectador, lo somete a su obligatoria reverencia, lo deja fascinado. Las características  que el oro en láminas ofrece, son perfectas para pintar sobre ella motivos vegetales, donde las líneas se deslizan marcando las figuras y la textura ayuda a dotar a las imágenes de la atmósfera perfecta.

El almendro y el bambú, custodian la composición, como el alfa y omega de la vida, donde en medio se desarrolla la naturaleza. El almendro simboliza lo efímero del mundo y el bambú la fuerza y la longevidad. En el centro del biombo se hallan un conjunto de garzas que en la tradición japonesa representan la perseverancia y la sabiduría, es el pulso en el que nos vemos en el día a día, la sabia lucha entre la fuerza y la fragilidad.

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